Tlön, Uqbar, Orbis Tertius , por J. L. Borges

I
Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía; la enciclopedia falazmente se llama The Anglo-American Cyclopaedía (New York, 1917) y es una reimpresión literal, pero también morosa, de la Encyclopaedia Britannica de 1902. El hecho se produjo hará unos cinco años. Bioy Casares había cenado conmigo esa noche y nos demoró una vasta polémica sobre la ejecución de una novela en primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores -a muy pocos lectores- la adivinación de una realidad atroz o banal. Desde el fondo remoto del corredor, el espejo nos acechaba. Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso. Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres. Le pregunté el origen de esa memorable sentencia y me contestó que The Anglo-American Cyclopaedia la registraba, en su artículo sobre Uqbar. La quinta (que habíamos alquilado amueblada) poseía un ejemplar de esa obra. En las últimas páginas del volumen XLVI dimos con un artículo sobre Upsala; en las primeras del XLVII, con uno sobre Ural-Altaic Languages, pero ni una palabra sobre Uqbar. Bioy, un poco azorado, interrogó los tomos del índice. Agotó en vano todas las lecciones imaginables: Ukbar, Ucbar, Ookbar, Oukbahr… Antes de irse, me dijo que era una región del Irak o del Asia Menor. Confieso que asentí con alguna incomodidad. Conjeturé que ese país indocumentado y ese heresiarca anónimo eran una ficción improvisada por la modestia de Bioy para justificar una frase. El examen estéril de uno de los atlas de Justus Perthes fortaleció mi duda.
Al día siguiente, Bioy me llamó desde Buenos Aires. Me dijo que tenía a la vista el artículo sobre Uqbar, en el volumen XXVI de la Enciclopedia. No constaba el nombre del heresiarca, pero sí la noticia de su doctrina, formulada en palabras casi idénticas a las repetidas por él, aunque -tal vez- literariamente inferiores. Él había recordado: Copulation and mirrors are abominable. El texto de la Enciclopedia decía: Para uno de esos gnósticos, el visible universo era una ilusión o (más precisamente) un sofisma. Los espejos y la paternidad son abominables (mirrors and fatherhood are hateful) porque lo multiplican y lo divulgan. Le dije, sin faltar a la verdad, que me gustaría ver ese artículo. A los pocos días lo trajo. Lo cual me sorprendió, porque los escrupulosas índices cartográficos de la Erdkunde de Ritter ignoraban con plenitud el nombre de Uqbar.
El volumen que trajo Bioy era efectivamente el XXVI de la Anglo-American Cyclopaedia. En la falsa carátula y en el lomo, la indicación alfabética (Tor-Ups) era la de nuestro ejemplar, pero en vez de 917 páginas constaba de 921. Esas cuatro páginas adicionales comprendían al artículo sobre Uqbar; no previsto (como habrá advertido el lector) por la indicación alfabética. Comprobamos después que no hay otra diferencia entre los volúmenes. Los dos (según creo haber indicado) son reimpresiones de la décima Encyclopaedia Britannica. Bioy había adquirido su ejemplar en uno de tantos remates.
Leímos con algún cuidado el artículo. El pasaje recordado por Bioy era tal vez el único sorprendente. El resto parecía muy verosímil, muy ajustado al tono general de la obra y (como es natural) un poco aburrido. Releyéndolo, descubrimos bajo su rigurosa escritura una fundamental vaguedad. De los catorce nombres que figuraban en la parte geográfica, sólo reconocimos tres -Jorasán, Armenia, Erzerum-, interpolados en el texto de un modo ambiguo. De los nombres históricos, uno solo: el impostor Esmerdis el mago, invocado más bien como una metáfora. La nota parecía precisar las fronteras de Uqbar, pero sus nebulosos puntos de referencias eran ríos y cráteres y cadenas de esa misma región. Leímos, verbigracia, que las tierras bajas de Tsai Jaldún y el delta del Axa definen la frontera del sur y que en las islas de ese delta procrean los caballos salvajes. Eso, al principio de la página 918. En la sección histórica (página 920) supimos que a raíz de las persecuciones religiosas del siglo trece, los ortodoxos buscaron amparo en las islas, donde perduran todavía sus obeliscos y donde no es raro exhumar sus espejos de piedra. La sección idioma y literatura era breve. Un solo rasgo memorable: anotaba que la literatura de Uqbar era de carácter fantástico y que sus epopeyas y sus leyendas no se referían jamás a la realidad, sino a las dos regiones imaginarias de Mlejnas y de Tlön… La bibliografía enumeraba cuatro volúmenes que no hemos encontrado hasta ahora, aunque el tercero -Silas Haslam: History of the Land Called Uqbar, 1874-figura en los catálogos de librería de Bernard Quaritch.1 El primero, Lesbare und lesenswerthe Bemerkungen über das Land Ukkbar in Klein-Asien, data de 1641 y es obra de Johannes Valentinus Andreä. El hecho es significativo; un par de años después, di con ese nombre en las inesperadas páginas de De Quincey (Writings, decimotercero volumen) y supe que era el de un teólogo alemán que a principios del siglo XVII describió la imaginaria comunidad de la Rosa-Cruz -que otros luego fundaron, a imitación de lo prefigurado por él.
Esa noche visitamos la Biblioteca Nacional. En vano fatigamos atlas, catálogos, anuarios de sociedades geográficas, memorias de viajeros e historiadores: nadie había estado nunca en Uqbar. El índice general de la enciclopedia de Bioy tampoco registraba ese nombre. Al día siguiente, Carlos Mastronardi (a quien yo había referido el asunto) advirtió en una librería de Corrientes y Talcahuano los negros y dorados lomos de la Anglo-American Cyclopaedía… Entró e interrogó el volumen XXVI. Naturalmente, no dio con el menor indicio de Uqbar.
II
Algún recuerdo limitado y menguante de Herbert Ashe, ingeniero de los ferrocarriles del Sur, persiste en el hotel de Adrogué, entre las efusivas madreselvas y en el fondo ilusorio de los espejos. En vida padeció de irrealidad, como tantos ingleses; muerto, no es siquiera el fantasma que ya era entonces. Era alto y desganado y su cansada barba rectangular había sido roja. Entiendo que era viudo, sin hijos. Cada tantos años iba a Inglaterra: a visitar (juzgo por unas fotografías que nos mostró) un reloj de sol y unos robles. Mi padre había estrechado con él (el verbo es excesivo) una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo. Solían ejercer un intercambio de libros y de periódicos; solían batirse al ajedrez, taciturnamente… Lo recuerdo en el corredor del hotel, con un libro de matemáticas en la mano, mirando a veces los colores irrecuperables del cielo. Una tarde, hablamos del sistema duodecimal de numeración (en el que doce se escribe 10). Ashe dijo que precisamente estaba trasladando no sé qué tablas duodecimales a sexagesimales (en las que sesenta se escribe 10). Agregó que ese trabajo le había sido encargado por un noruego: en Rio Grande do Sul. Ocho años que lo conocíamos y no había mencionado nunca su estadía en esa región… Hablamos de vida pastoril, de capangas, de la etimología brasilera de la palabra gaucho (que algunos viejos orientales todavía pronuncian gaúcho) y nada más se dijo -Dios me perdone- de funciones duodecimales. En setiembre de 1937 (no estábamos nosotros en el hotel) Herbert Ashe murió de la rotura de un aneurisma. Días antes, había recibido del Brasil un paquete sellado y certificado. Era un libro en octavo mayor. Ashe lo dejó en el bar, donde -meses después- lo encontré. Me puse a hojearlo y sentí un vértigo asombrado y ligero que no describiré, porque ésta no es la historia de mis emociones sino de Uqbar y Tlön y Orbis Tertius. En una noche del Islam que se llama la Noche de las Noches se abren de par en par las secretas puertas del cielo y es más dulce el agua en los cántaros; si esas puertas se abrieran, no sentiría lo que en esa tarde sentí. El libro estaba redactado en inglés y lo integraban 1001 páginas. En el amarillo lomo de cuero leí estas curiosas palabras que la falsa carátula repetía: A First Encyclopaedia of Tlön. vol. XI. Hlaer to Jangr. No había indicación de fecha ni de lugar. En la primera página y en una hoja de papel de seda que cubría una de las láminas en colores había estampado un óvalo azul con esta inscripción: Orbis Tertius. Hacía dos años que yo había descubierto en un tomo de cierta enciclopedia práctica una somera descripción de un falso país; ahora me deparaba el azar algo más precioso y más arduo. Ahora tenía en las manos un vasto fragmento metódico de la historia total de un planeta desconocido, con sus arquitecturas y sus barajas, con el pavor de sus mitologías y el rumor de sus lenguas, con sus emperadores y sus mares, con sus minerales y sus pájaros y sus peces, con su álgebra y su fuego, con su controversia teológica y metafísica. Todo ello articulado, coherente, sin visible propósito doctrinal o tono paródico.
En el “onceno tomo” de que hablo hay alusiones a tomos ulteriores y precedentes. Néstor Ibarra, en un artículo ya clásico de la N. R. F., ha negado que existen esos aláteres; Ezequiel Martínez Estrada y Drieu La Rochelle han refutado, quizá victoriosamente, esa duda. El hecho es que hasta ahora las pesquisas más diligentes han sido estériles. En vano hemos desordenado las bibliotecas de las dos Américas y de Europa. Alfonso Reyes, harto de esas fatigas subalternas de índole policial, propone que entre todos acometamos la obra de reconstruir los muchos y macizos tomos que faltan: ex ungue leonem. Calcula, entre veras y burlas, que una generación de tlönistas puede bastar. Ese arriesgado cómputo nos retrae al problema fundamental: ¿Quiénes inventaron a Tlön? El plural es inevitable, porque la hipótesis de un solo inventor -de un infinito Leibniz obrando en la tiniebla y en la modestia- ha sido descartada unánimemente. Se conjetura que este brave new world es obra de una sociedad secreta de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas, de químicos, de algebristas, de moralistas, de pintores, de geómetras… dirigidos por un oscuro hombre de genio. Abundan individuos que dominan esas disciplinas diversas, pero no los capaces de invención y menos los capaces de subordinar la invención a un riguroso plan sistemático. Ese plan es tan vasto que la contribución de cada escritor es infinitesimal. Al principio se creyó que Tlön era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación; ahora se sabe que es un cosmos y las íntimas leyes que lo rigen han sido formuladas, siquiera en modo provisional. Básteme recordar que las contradicciones aparentes del Onceno Tomo son la piedra fundamental de la prueba de que existen los otros: tan lúcido y tan justo es el orden que se ha observado en él. Las revistas populares han divulgado, con perdonable exceso, la zoología y la topografía de Tlön; yo pienso que sus tigres transparentes y sus torres de sangre no merecen, tal vez, la continua atención de todos los hombres. Yo me atrevo a pedir unos minutos para su concepto del universo.
Hume notó para siempre que los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica y no causan la menor convicción. Ese dictamen es del todo verídico en su aplicación a la tierra; del todo falso en Tlön. Las naciones de ese planeta son -congénitamente- idealistas. Su lenguaje y las derivaciones de su lenguaje -la religión, las letras, la metafísica- presuponen el idealismo. El mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie heterogénea de actos independientes. Es sucesivo, temporal, no espacial. No hay sustantivos en la conjetural Ursprache de Tlön, de la que proceden los idiomas “actuales” y los dialectos: hay verbos impersonales, calificados por sufijos (o prefijos) monosilábicos de valor adverbial. Por ejemplo: no hay palabra que corresponda a la palabra luna, pero hay un verbo que sería en español lunecer o lunar. Surgió la luna sobre el río se dice hlör u fang axaxaxas mlö o sea en su orden: hacia arriba (upward) detrás duradero-fluir luneció. (Xul Solar traduce con brevedad: upa tras perfluyue lunó. Upward, behind the onstreaming it mooned.
Lo anterior se refiere a los idiomas del hemisferio austral. En los del hemisferio boreal (de cuya Ursprache hay muy pocos datos en el Onceno Tomo) la célula primordial no es el verbo, sino el adjetivo monosilábico. El sustantivo se forma por acumulación de adjetivos. No se dice luna: se dice aéreo-claro sobre oscuro-redondo o anaranjado-tenue-de1 cielo o cualquier otra agregación. En el caso elegido la masa de adjetivos corresponde a un objeto real; el hecho es puramente fortuito. En la literatura de este hemisferio (como en el mundo subsistente de Meinong) abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas. Los determina, a veces, la mera simultaneidad. Hay objetos compuestos de dos términos, uno de carácter visual y otro auditivo: el color del naciente y el remoto grito de un pájaro. Los hay de muchos: el sol y el agua contra el pecho del nadador, el vago rosa trémulo que se ve con los ojos cerrados, la sensación de quien se deja llevar por un río y también por el sueño. Esos objetos de segundo grado pueden combinarse con otros; el proceso, mediante ciertas abreviaturas, es prácticamente infinito. Hay poemas famosos compuestos de una sola enorme palabra. Esta palabra integra un objeto poético creado por el autor. El hecho de que nadie crea en la realidad de los sustantivos hace, paradójicamente, que sea interminable su número. Los idiomas del hemisferio boreal de Tlön poseen todos los nombres de las lenguas indoeuropeas y otros muchos más.
No es exagerado afirmar que la cultura clásica de Tlön comprende una sola disciplina: la psicología. Las otras están subordinadas a ella. He dicho que los hombres de ese planeta conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio sino de modo sucesivo en el tiempo. Spinoza atribuye a su inagotable divinidad los atributos de la extensión y del pensamiento; nadie comprendería en Tlön la yuxtaposición del primero (que sólo es típico de ciertos estados) y del segundo -que es un sinónimo perfecto del cosmos-. Dicho sea con otras palabras: no conciben que lo espacial perdure en el tiempo. La percepción de una humareda en el horizonte y después del campo incendiado y después del cigarro a medio apagar que produjo la quemazón es considerada un ejemplo de asociación de ideas.
Este monismo o idealismo total invalida la ciencia. Explicar (o juzgar) un hecho es unirlo a otro; esa vinculación, en Tlön, es un estado posterior del sujeto, que no puede afectar o iluminar el estado anterior. Todo estado mental es irreductible: el mero hecho de nombrarlo –id est, de clasificarlo- importa un falseo. De ello cabría deducir que no hay ciencias en Tlön -ni siquiera razonamientos. La paradójica verdad es que existen, en casi innumerable número. Con las filosofías acontece lo que acontece con los sustantivos en el hemisferio boreal. El hecho de que toda filosofía sea de antemano un juego dialéctico, una Philosophie des Als Ob, ha contribuido a multiplicarlas. Abundan los sistemas increíbles, pero de arquitectura agradable o de tipo sensacional. Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica. Saben que un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos. Hasta la frase “todos los aspectos” es rechazable, porque supone la imposible adición del instante presente y de los pretéritos. Tampoco es lícito el plural “los pretéritos”, porque supone otra operación imposible… Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente.2 Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable. Otra, que la historia del universo -y en ellas nuestras vidas y el más tenue detalle de nuestras vidas- es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio. Otra, que el universo es comparable a esas criptografías en las que no valen todos los símbolos y que sólo es verdad lo que sucede cada trescientas noches. Otra, que mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.
Entre las doctrinas de Tlön, ninguna ha merecido tanto escándalo como el materialismo. Algunos pensadores lo han formulado, con menos claridad que fervor, como quien adelanta una paradoja. Para facilitar el entendimiento de esa tesis inconcebible, un heresiarca del undécimo siglo3 ideó el sofisma de las nueve monedas de cobre, cuyo renombre escandaloso equivale en Tlön al de las aporías eleáticas. De ese “razonamiento especioso” hay muchas versiones, que varían el número de monedas y el número de hallazgos; he aquí la más común:
El martes, X atraviesa un camino desierto y pierde nueve monedas de cobre. El jueves, Y encuentra en el camino cuatro monedas, algo herrumbradas por la lluvia del miércoles. El viernes, Z descubre tres monedas en el camino. El viernes de mañana, X encuentra dos monedas en el corredor de su casa. El heresiarca quería deducir de esa historia la realidad –id est la continuidad- de las nueve monedas recuperadas. Es absurdo (afirmaba) imaginar que cuatro de las monedas no han existido entre el martes y el jueves, tres entre e1 martes y la tarde del viernes, dos entre el martes y la madrugada del viernes. Es lógico pensar que han existido -siquiera de algún modo secreto, de comprensión vedada a los hombres- en todos los momentos de esos tres plazos.
El lenguaje de Tlön se resistía a formular esa paradoja; los más no la entendieron. Los defensores del sentido común se limitaron, al principio, a negar la veracidad de la anécdota. Repitieron que era una falacia verbal, basada en el empleo temerario de dos voces neológicas, no autorizadas por el uso y ajenas a todo pensamiento severo: los verbos encontrar y perder, que comportan una petición de principio, porque presuponen la identidad de las nueve primeras monedas y de las últimas. Recordaron que todo sustantivo (hombre, moneda, jueves, miércoles, lluvia) sólo tiene un valor metafórico. Denunciaron la pérfida circunstancia algo herrumbradas por la lluvia del miércoles, que presupone lo que se trata de demostrar: la persistencia de las cuatro monedas, entre el jueves y el martes. Explicaron que una cosa es igualdad y otra identidad y formularon una especie de reductio ad absurdum, o sea el caso hipotético de nueve hombres que en nueve sucesivas noches padecen un vivo dolor. ¿No sería ridículo -interrogaron- pretender que ese dolor es el mismo?4 Dijeron que al heresiarca no lo movía sino el blasfematorio propósito de atribuir la divina categoría de ser a unas simples monedas y que a veces negaba la pluralidad y otras no. Argumentaron: si la igualdad comporta la identidad, habría que admitir asimismo que las nueve monedas son una sola.
Increíblemente, esas refutaciones no resultaron definitivas. A los cien años de enunciado el problema, un pensador no menos brillante que el heresiarca pero de tradición ortodoxa, formuló una hipótesis muy audaz. Esa conjetura feliz afirma que hay un solo sujeto, que ese sujeto indivisible es cada uno de los seres del universo y que éstos son los órganos y máscaras de la divinidad. X es Y y es Z. Z descubre tres monedas porque recuerda que se le perdieron a X; X encuentra dos en el corredor porque recuerda que han sido recuperadas las otras… El Onceno Tomo deja entender que tres razones capitales determinaron la victoria total de ese panteísmo idealista. La primera, el repudio del solipsismo; la segunda, la posibilidad de conservar la base psicológica de las ciencias; la tercera, la posibilidad de conservar el culto de los dioses. Schopenhauer (el apasionado y lúcido Schopenhauer) formula una doctrina muy parecida en el primer volumen de Parerga und Paralipomena.
La geometría de Tlön comprende dos disciplinas algo distintas: la visual y la táctil. La última corresponde a la nuestra y la subordinan a la primera. La base de la geometría visual es la superficie, no el punto. Esta geometría desconoce las paralelas y declara que el hombre que se desplaza modifica las formas que lo circundan. La base de su aritmética es la noción de números indefinidos. Acentúan la importancia de los conceptos de mayor y menor, que nuestros matemáticos simbolizan por > y por <, Afirman que la operación de contar modifica las cantidades y las convierte de indefinidas en definidas. El hecho de que varios individuos que cuentan una misma cantidad logran un resultado igual, es para los psicólogos un ejemplo de asociación de ideas o de buen ejercicio de la memoria. Ya sabemos que en Tlön el sujeto del conocimiento es uno y eterno.
En los hábitos literarios también es todopoderosa la idea de un sujeto único. Es raro que los libros estén firmados. No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo. La crítica suele inventar autores: elige dos obras disímiles -el Tao Te King y las 1001 Noches, digamos-, las atribuye a un mismo escritor y luego determina con probidad la psicología de ese interesante homme de lettres
También son distintos los libros. Los de ficción abarcan un solo argumento, con todas las permutaciones imaginables. Los de naturaleza filosófica invariablemente contienen la tesis y la antítesis, el riguroso pro y el contra de una doctrina. Un libro que no encierra su contralibro es considerado incompleto.
Siglos y siglos de idealismo no han dejado de influir en la realidad. No es infrecuente, en las regiones más antiguas de Tlön, la duplicación de objetos perdidos. Dos personas buscan un lápiz; la primera lo encuentra y no dice nada; la segunda encuentra un segundo lápiz no menos real, pero más ajustado a su expectativa. Esos objetos secundarios se llaman hrönir y son, aunque de forma desairada, un poco más largos. Hasta hace poco los hrönir fueron hijos casuales de la distracción y el olvido. Parece mentira que su metódica producción cuente apenas cien años, pero así lo declara el Onceno Tomo. Los primeros intentos fueron estériles. El modus operandí, sin embargo, merece recordación. El director de una de las cárceles del estado comunicó a los presos que en el antiguo lecho de un río había ciertos sepulcros y prometió la libertad a quienes trajeran un hallazgo importante. Durante los meses que precedieron a la excavación les mostraron láminas fotográficas de lo que iban a hallar. Ese primer intento probó que la esperanza y la avidez pueden inhibir; una semana de trabajo con la pala y el pico no logró exhumar otro hrön que una rueda herrumbrada, de fecha posterior al experimento. Éste se mantuvo secreto y se repitió después en cuatro colegios. En tres fue casi total el fracaso; en el cuarto (cuyo director murió casualmente durante las primeras excavaciones) los discípulos exhumaron -o produjeron- una máscara de oro, una espada arcaica, dos o tres ánforas de barro y el verdinoso y mutilado torso de un rey con una inscripción en el pecho que no se ha logrado aún descifrar. Así se descubrió la improcedencia de testigos que conocieran la naturaleza experimental de la busca… Las investigaciones en masa producen objetos contradictorios; ahora se prefiere los trabajos individuales y casi improvisados. La metódica elaboración de hrönir (dice el Onceno Tomo) ha prestado servicios prodigiosos a los arqueólogos. Ha permitido interrogar y hasta modificar el pasado, que ahora no es menos plástico y menos dócil que el porvenir. Hecho curioso: los hrönir de segundo y de tercer grado -los hrönir derivados de otro hrön, los hrönir derivados del hrön de un hrön– exageran las aberraciones del inicial; los de quinto son casi uniformes; los de noveno se confunden con los de segundo; en los de undécimo hay una pureza de líneas que los originales no tienen. El proceso es periódico: el hrön de duodécimo grado ya empieza a decaer. Más extraño y más puro que todo hrön es a veces el ur: la cosa producida por sugestión, el objeto educido por la esperanza. La gran máscara de oro que he mencionado es un ilustre ejemplo.
Las cosas se duplican en Tlön; propenden asimismo a borrarse y a perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro.
Salto Oriental, 1940.
Posdata de 1947. Reproduzco el artículo anterior tal como apareció en la Antología de la literatura fantástica, 1940, sin otra escisión que algunas metáforas y que una especie de resumen burlón que ahora resulta frívolo. Han ocurrido tantas cosas desde esa fecha… Me limitaré a recordarlas.
En marzo de 1941 se descubrió una carta manuscrita de Gunnar Erfjord en un libro de Hinton que había sido de Herbert Ashe. El sobre tenía el sello postal de Ouro Preto, la carta elucidaba enteramente el misterio de Tlön. Su texto corrobora las hipótesis de Martínez Estrada. A principios del siglo XVII, en una noche de Lucerna o de Londres, empezó la espléndida historia. Una sociedad secreta y benévola (que entre sus afilados tuvo a Dalgarno y después a George Berkeley) surgió para inventar un país. En el vago programa inicial figuraban los “estudios herméticos”, la filantropía y la cábala. De esa primera época data el curioso libro de Andreä. Al cabo de unos años de conciliábulos y de síntesis prematuras comprendieron que una generación no bastaba para articular un país. Resolvieron que cada uno de los maestros que la integraban eligiera un discípulo para la continuación de la obra. Esa disposición hereditaria prevaleció; después de un hiato de dos siglos la perseguida fraternidad resurge en América. Hacia 1824, en Memphis (Tennessee) uno de los afiliados conversa con el ascético millonario Ezra Buckley. Éste lo deja hablar con algún desdén -y se ríe de la modestia del proyecto. Le dice que en América es absurdo inventar un país y le propone la invención de un planeta. A esa gigantesca idea añade otra, hija de su nihilismo:5 la de guardar en el silencio la empresa enorme. Circulaban entonces los veinte tomos de la Encyclopaedia Britannica; Buckley sugiere una enciclopedia metódica del planeta ilusorio. Les dejará sus cordilleras auríferas, sus ríos navegables, sus praderas holladas por el toro y por el bisonte, sus negros, sus prostíbulos y sus dólares, bajo una condición: “La obra no pactará con el impostor Jesucristo.” Buckley descree de Dios, pero quiere demostrar al Dios no existente que los hombres mortales son capaces de concebir un mundo. Buckley es envenenado en Baton Rouge en 1828; en 1914 la sociedad remite a sus colaboradores, que son trescientos, el volumen final de la Primera Enciclopedia de Tlön. La edición es secreta: los cuarenta volúmenes que comprende (la obra más vasta que han acometido los hombres) serían la base de otra más minuciosa, redactada no ya en inglés, sino en alguna de las lenguas de Tlön. Esa revisión de un mundo ilusorio se llama provisoriamente Orbis Tertius y uno de sus modestos demiurgos fue Herbert Ashe, no sé si como agente de Gunnar Erfjord o como afiliado. Su recepción de un ejemplar del Onceno Tomo parece favorecer lo segundo. Pero ¿y los otros? Hacia 1942 arreciaron los hechos. Recuerdo con singular nitidez uno de los primeros y me parece que algo sentí de su carácter premonitorio. Ocurrió en un departamento de la calle Laprida, frente a un claro y alto balcón que miraba el ocaso. La princesa de Faucigny Lucinge había recibido de Poitiers su vajilla de plata. Del vasto fondo de un cajón rubricado de sellos internacionales iban saliendo finas cosas inmóviles: platería de Utrecht y de París con dura fauna heráldica, un samovar. Entre ellas -con un perceptible y tenue temblor de pájaro dormido- latía misteriosamente una brújula. La princesa no la reconoció. La aguja azul anhelaba el norte magnético; la caja de metal era cóncava; las letras de la esfera correspondían a uno de los alfabetos de Tlön. Tal fue la primera intrusión del mundo fantástico en el mundo real. Un azar que me inquieta hizo que yo también fuera testigo de la segunda. Ocurrió unos meses después, en la pulpería de un brasilero, en la Cuchilla Negra. Amorim y yo regresábamos de Sant’Anna. Una creciente del río Tacuarembó nos obligó a probar (y a sobrellevar) esa rudimentaria hospitalidad. El pulpero nos acomodó unos catres crujientes en una pieza grande, entorpecida de barriles y cueros. Nos acostamos, pero no nos dejó dormir hasta el alba la borrachera de un vecino invisible, que alternaba denuestos inextricables con rachas de milongas -más bien con rachas de una sola milonga. Como es de suponer, atribuimos a la fogosa caña del patrón ese griterío insistente… A la madrugada, el hombre estaba muerto en el corredor. La aspereza de la voz nos había engañado: era un muchacho joven. En el delirio se le habían caído del tirador unas cuantas monedas y un cono de metal reluciente, del diámetro de un dado. En vano un chico trató de recoger ese cono. Un hombre apenas acertó a levantarlo. Yo lo tuve en la palma de la mano algunos minutos: recuerdo que su peso era intolerable y que después de retirado el cono, la opresión perduró. También recuerdo el círculo preciso que me grabó en la carne. Esa evidencia de un objeto muy chico y a la vez pesadísimo dejaba una impresión desagradable de asco y de miedo. Un paisano propuso que lo tiraran al río correntoso. Amorim lo adquirió mediante unos pesos. Nadie sabía nada del muerto, salvo “que venía de la frontera”. Esos conos pequeños y muy pesados (hechos de un metal que no es de este mundo) son imagen de la divinidad, en ciertas religiones de Tlön.
Aquí doy término a la parte personal de mi narración. Lo demás está en la memoria (cuando no en la esperanza o en el temor) de todos mis lectores. Básteme recordar o mencionar los hechos subsiguientes, con una mera brevedad de palabras que el cóncavo recuerdo general enriquecerá o ampliará. Hacia 1944 un investigador del diario The American (de Nashville, Tennessee) exhumó en una biblioteca de Memphis los cuarenta volúmenes de la Primera Enciclopedia de Tlön. Hasta el día de hoy se discute si ese descubrimiento fue casual o si lo consintieron los directores del todavía nebuloso Orbís Tertius. Es verosímil lo segundo. Algunos rasgos increíbles del Onceno Tomo (verbigracia, la multiplicación de los hrönir) han sido eliminados o atenuados en el ejemplar de Memphis; es razonable imaginar que esas tachaduras obedecen al plan de exhibir un mundo que no sea demasiado incompatible con el mundo real. La diseminación de objetos de Tlön en diversos países complementaría ese plan…6 El hecho es que la prensa internacional voceó infinitamente el “hallazgo”. Manuales, antologías, resúmenes, versiones literales, reimpresiones autorizadas y reimpresiones piráticas de la Obra Mayor de los Hombres abarrotaron y siguen abarrotando la tierra. Casi inmediatamente, la realidad cedió en más de un punto. Lo cierto es que anhelaba ceder. Hace diez años bastaba cualquier simetría con apariencia de orden -el materialismo dialéctico, el antisemitismo, el nazismo- para embelesar a los hombres. ¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado? Inútil responder que la realidad también está ordenada. Quizá lo esté, pero de acuerdo a leyes divinas -traduzco: a leyes inhumanas- que no acabamos nunca de percibir. Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.
El contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su rigor, la humanidad olvida y torna a olvidar que es un rigor de ajedrecistas, no de ángeles. Ya ha penetrado en las escuelas el (conjetural), “idioma primitivo” de Tlön; ya la enseñanza de su historia armoniosa (y llena de episodios conmovedores) ha obliterado a la que presidió mi niñez; ya en las memorias un pasado ficticio ocupa el sitio de otro, del que nada sabemos con certidumbre -ni siquiera que es falso. Han sido reformadas la numismática, la farmacología y la arqueología. Entiendo que la biología y las matemáticas aguardan también su avatar… Una dispersa dinastía de solitarios ha cambiado la faz del mundo. Su tarea prosigue. Si nuestras previsiones no erran, de aquí a cien años alguien descubrirá los cien tomos de la Segunda Enciclopedia de Tlön.
Entonces desaparecerán del planeta el inglés y el francés y el mero español. El mundo será Tlön. Yo no hago caso, yo sigo revisando en los quietos días del hotel de Adrogué una indecisa traducción quevediana (que no pienso dar a la imprenta) del Urn Burial de Browne.

1. Haslam ha publicado también A General History of Labyrinths.
2. Russell. (The Analisis of Mind, 1921, página 159) supone que el planeta ha sido creado hace pocos minutos, provisto de una humanidad que “recuerda” un pasado ilusorio.
3. Siglo, de acuerdo con el sistema duodecimal, significa un período de ciento cuarenta y cuatro años.
4. En el día de hoy, una de las iglesias de Tlón sostiene platónicamente que tal dolor, que tal matiz verdoso del amarillo, que tal temperatura, que tal sonido, son la única realidad. Todos los hombres, en el veniginoso instante del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare.
5. Buckley era librepensador, fatalista y defensor de la esclavitud.
6. Queda, naturalmente, el problema de la matesia de algunos objetos.

Poética de lo fantástico en Borges y Calvino, por Guillermo Belziti



              Al examinar la literatura fantástica[1]Borges encuentra cuatro grandes procedimientos que se presentan desde los primeros tiempos y que permiten al creador destruir no sólo el realismo de la ficción sino la misma realidad. Ellos son: la obra de arte dentro de la misma obra, la contaminación de la realidad por el sueño, el viaje en el tiempo, el doble, los procedimientos y la alusión al infinito y a los espejos. Estos rasgos se particularizan en la selección de cuentos que propone junto a Ocampo y Bioy, pero sobre todo en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius (TUOT en adelante)  al que podemos considerar en sí mismo un compendio de estos procedimientos fantásticos. a definición borgeana de literatura fantástica se da por oposición al realismo, ya que lo considera una tendencia joven y de menor importancia que lo fantástico que tiene carácter universal y primordial.
              Calvino, por su parte, centra su investigación haciendo un recorte a partir del cuento romántico del siglo XIX, así lo refleja en la introducción de su propia antología dividida en dos volúmenes: lo fantástico visionario y lo fantástico cotidiano.  En su trabajo, los nombres de Hoffman y Chamisso como representantes del romanticismo alemán constituyen el punto de partida, para luego extenderse a Francia con otros autores como Charles Nodier, Gerard de Nerval, Teophile Gautier, Villiers de l´Isle Adam, incluso llega a nombrar a un Balzac que también ha hecho sus aportes a esta tipología literaria.
              En cuanto a la literatura anglosajona, cabe destacar que ambos autores trabajan con lo que podríamos denominar la misma familia literaria: Poe, James, Kipling, Stevenson, Wells Bierce son sus héroes literarios, sus recomendaciones y por supuesto no dejan de estar presentes en cada antología.
              Si bien en su conferencia Borges da cuenta de cómo se construye lo fantástico, no podemos obviar que esta misma poética es retomada por Calvino como veremos a continuación en el análisis comparativo de los relatos TUOT y El Conde de Montecristo.
              Reflexiones acerca de las relaciones que existen entre realidad y ficción son un eje congruente entre ambos relatos, de cómo estos planos se retroalimentan y se influyen mutuamente hasta dar origen al asombro que caracteriza al género fantástico.            
              TUOT se incluye como relato inaugural en la primera de las partes del volumen Ficcionestitulada El jardín de los senderos que se bifurcan (1941), aunque ya había aparecido en Sur y también en la célebre Antología de la literatura fantástica (1940). El Conde de Montecristo, por su parte, cierra la antología Ti con Zero (1967), antología dividida en tres partes con estrecha relación a otra obra de Calvino anterior:Las Comicósmicas (1963)
              Entre los cuentos de estos autores existe un diálogo formal, principio y evolución de una tendencia, que denota un modelo con una insignia muy particular alejada delo gótico clásico anglosajón. Allí lo fantástico está mucho más ligado a lo misterioso, a lo fantasmagórico, a la mansión hechizada, en cambio, el modelo propuesto por Borges y continuado por Calvino, es un fantástico relativo al mundo de las ideas, a lo abstracto, a lo posible. En este sentido, TUOT puede leerse como una meditación sobre las posibilidades de la realidad, el autor parte desde la revisión de diversos sistemas ideales que pertenecen a disciplinas varias como las matemáticas, la geometría o la lingüística, para luego, una vez demostrada la multiplicidad de abordajes, ir más allá y cuestionar los límites de la propia realidad a través de la irrupción de Tlön en nuestro plano, un recorrido que va desde lo real a lo imaginario, para luego invertir polaridades.En cambio, en El Conde de Montecristo, el camino es totalmente inverso. Se parte de la ficción, el mundo inaugural es el mundo de la novela de Dumas como lo denotan las siguientes primeras líneas:
“Desde mi celda poco puedo decir acerca de cómo es este castillo de If en el que me encuentro desde hace tantos años prisionero”
              La puerta de acceso al plano de nuestra realidad conduce a los desesperados protagonistas hasta el despacho de Alexandre Dumas, para concebir la ansiada fuga a partir de los manuscritos que dan forma a su universo.  Es decir, además del trabajo en planos diferenciados, podemos observar el tema del viaje en el tiempo, ya que más allá del tiempo cronológico del relato, se regresa hasta el punto donde la realidad de la prisión de If todavía no ha sido concebida.Como vemos, la prisión de If es un laberinto de posibilidades, puede hacerse, deshacerse y rehacerse según el manuscrito que se concatene a la trama.
“Los muros son tan espesos que podrían contener otras celdas y escaleras y cuerpos de guardia y santabárbaras; o la fortaleza podría ser toda muro, un sólido lleno y compacto, con un hombre vivo sepultado en el centro.”
              La idea de un Tiempo Cero, título con el que se tradujo al español la obra de Calvino, ya estaba presente en Borges. Comparemos los siguientes párrafos de TUOT y de El Conde de Montecristo.
TUOT
ECDM
“Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente.

Cuando Faría desemboca de bajo tierra, el prisionero se vuelve: siempre tiene el mismo rostro, la misma voz, los mismos pensamientos. Su nombre es el mismo: Edmond Dantés. La fortaleza no tiene puntos privilegiados: repite en el espacio y en el tiempo siempre la misma combinación de figuras.


Vemos claramente que la  misma idea se repite en contextos diferenciados.Una particularidad del texto de Calvino es que el personaje se vale de conocimientos que son propios de un literato que construye textos para elaborar una estrategia de escape de la prisión.




“Si consigo observar fortaleza y Abate desde un punto de vista perfectamente equidistante, conseguiré identificar no sólo los errores particulares que Faría comete una vez tras otra, sino también el error de método en que continúa incurriendo y que yo gracias a mi correcto planteamiento sabré evitar.”
              En un tiempo detenido, cambiarían las posibilidades de la narración, por ejemplo el punto de vista, para ver si la información obtenida desde otros ángulos puede resultar útil para “ganarle la partida” a la fortaleza.La fuga para Dantés se vuelve un gran ajedrez contra las reglas que construyen la prisión. El arquitecto de su prisión es Dumas, conocer sus secretos es más práctico que cavar túneles como lo hace el abate Faría hacia improbables salidas.
Abate Faría
Edmond Dantés
Faría procede de este modo: encuentra una dificultad, estudia una solución, experimenta la solución, tropieza con una nueva dificultad, proyecta una nueva solución, y así sucesivamente. Para él, una vez eliminados todos los posibles errores e imprevisiones, la evasión no puede no salir bien: todo está en proyectar y ejecutar la evasión perfecta.
Yo parto de la suposición contraria: existe una fortaleza perfecta de la cual no es posible evadirse; sólo si en el proyecto o construcción de la fortaleza se ha cometido un error o un olvido la evasión es posible. 

              El narrador personaje es analítico, se compara a sí mismo con Faría que desde el punto de vista en que ambos son prisioneros también son dobles.
              Llegado este punto, no gustaría destaca que en TUOT también existe una estrecha relación entre la historia que se narra y un libro objeto. Solo que en este caso, en lugar de un clásico se parte del hallazgo del exótico volumen de una enciclopedia ficticia: The Anglo American Cyclopaedia, a la que mediante  diversas estrategias de verosimilitud (la inclusión de Bioy amigo de Borges, la mención de lugares geográficos y personajes históricos inventados junto a otros verdaderos, los nombres de célebres coleccionistas de libros, etc.) se le da estatuto de objeto real. Dentro de la enciclopedia aparece la imaginaria región de Uqbar, imposible de hallar en mapas pero, a la vez, deja abierta la posibilidad  de su existencia. El lector queda atrapado en una especie de rol detectivesco tratando de unir indicios que lo conduzcan hacia el mágico descubrimiento. Aceptada la posibilidad de existencia de Uqbar se crea un nuevo objeto: su fantástica literatura que ocurre en las imaginarias tierras de Mlejnas   y de Tlön[2].  José Luis de la fuente señala sobre el relato de Borges, que cada una de las regiones Uqbar, Tlön y Orbis Tertius se corresponden respectivamente con aquellos mundos antiguos que tanto fascinan al autor: lo árabe, lo nórdico y lo clásico. Estos niveles a través de los cuales transita el discurso pueden denominarse: nivel de lo ficticio literario (Uqbar);  de lo fantástico literario (Tlön), y de lo fantástico metaliterario (Orbis Tertius).
              Estos procedimientosde construir literatura dentro de la literatura, ya señalados por Borges en su conferencia como uno de los cuatro básicos, nos remite también a Cervantes y a Pierre Menard, e indefectiblemente al  tópico de los libros apócrifos, tan recurrente en la literatura fantástica y de ficción. Se podría realizar un catálogo extenso de obras literarias que no existen o que solo existieron luego de haber sido concebidas primeramente como objeto en una ficción. Una anécdota conocida es la que tiene como protagonista al joven Borges de 16 años recorriendo las bibliotecas de Buenos Aires en busca del terrible Necronomicón, libro ficticio inventado por H.P Lovecraft  y atribuido al árabe Abdul Alhazred[3]. El otro elemento sobresaliente del cuento borgeano es el espejo, citado desde el comienzo:
“Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar.”
¿Pero qué es esta conjunción? Observemos que la enciclopedia que contiene el artículo de  Uqbar es definida como: “una reimpresión literal, pero también morosa, de la Encyclopaedia Britannica de 1902.” Y que el volumen que tiene Bioy es ligeramente diferente al encontrado en la quinta de Ramos Mejía. Dicho de otro modo, cada libro es  una imagen copia de otro anterior. La idea de espejo está más que señalada en el recorrido:
“Desde el fondo remoto del corredor, el espejo nos acechaba. Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso. Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres.”
              El proceso no es tan complejo, primero se acostumbra al lector a leer la multiplicidad y sus ligeras variaciones para luego introducir los planos dimensionales y sus interrelaciones.
              Otro de los recursos de la escritura fantástica borgeana es especulación científica sobre temas inherentes a mundo inventado. Por ejemplo, en el pasaje del cuadro se reponen algunas de las características de la lengua de Tlön, que por ser excesivamente idealista o antimaterialista carece de sustantivo. Calvino también se vale del mismo recurso para representar el objeto prisión de If, pero en nuestra humilde opinión, con mucha más sutileza y sin llegar al abuso de erudición. Veamos el cuadro comparativo.
Borges
Calvino
“Por ejemplo: no hay palabra que corresponda a la palabra luna, pero hay un verbo que sería en español lunecer o lunar”
“El sustantivo se forma por acumulación de adjetivos. No se dice luna: se dice aéreo-claro sobre oscuro-redondo o anaranjado-tenue-del cielo o cualquier otra agregación.”

“veo en cada obstáculo aislado el indicio de un sistema de obstáculos, desarrollo cada segmento en una figura regular, sueldo estas figuras como caras de un sólido, poliedro o hiperpoliedro, inscribo estos poliedros en esferas o hiperesferas, y así, cuanto más cierro la forma de la fortaleza más la simplifico, definiéndola en una relación numérica o en una fórmula algebraica.”


              Solo no queda ahora realizar algunas observaciones sobre lo onírico en Tlön que podríamos ilustrar con el concepto de hrönir, es decir aquellos objetos materiales que se crean a partir del pensamiento de “encontrar” lo que en realidad se esta produciendo con la intención de búsqueda. Algo así como la materialización de un deseo.
los discípulos exhumaron —o produjeron— una máscara de oro, una espada arcaica, dos o tres ánforas de barro y el verdinoso y mutilado torso de un rey con una inscripción en el pecho que no se ha logrado aún descifrar.”
              Para concluir, dado el carácter de este trabajo, no queremos dejar de reconocer  que a pesar de que TUOT pertenece a una  clase híbrida entre el cuento y el ensayo mientras que ECDM es un cuento que dialoga con una novela,  más cercano a Pierre Menard, en nuestro recorrido hemos percibido la puesta en práctica de una misma poética de la narrativa fantástica que ensamblan en comunión a la obras. Se pueden seguir buscando ejemplos y paralelismos en trabajos de estos autores porque la semejanza ocurre en la construcción, cada uno siguiendo su propio estilo y tradiciones pero respondiendo a una misma matriz.






[1] Veáse “La literatura fantástica”, conferencia que dictó J.L. Borges en Buenos Aires en 1949.
[2] Si bien Mlejnas no es nombrado en el resto del relato, no ha sido pasado por alto por los lectores de Borges. La novela “Nadie recuerda a Mlejnas” del escritor uruguayo Ramiro Sanchiz da testimonio de esto. El tópico de las regiones inventadas también sostiene paralelismos entre los autores. Isaura, Berenice, Procopia y otras ciudades de “Le città invisibili” llevan en su cimientos algo de Tlön.
[3] Es una curiosidad que años más tarde, cuando la literatura de Lovecraft ya era objeto de culto, apareciera en las librerías un libro titulado “El Necronomicón” que pretendía ser aquel objeto metaliterario. Borges, tras la experiencia, le dedica Lovecraft el cuento “There are more things”.

Sueño del amor, por Chiara Petrone 5to año

Ya eran las once de la noche y no podía mas del sueño, necesitaba acostarme e irme a dormir. Como todos los días, me tenía que levantar a las seis de la mañana, así tenía tiempo para bañarme y poder prepararme tranquila como me gustaba. Una vez que me acosté, cerré los ojos y logré verme en una plaza, sentada en un banco. Era de día, me fijé la hora en la pantalla del celular y eran alrededor de las tres de la tarde, estaba super soleado y hermoso el clima. Pensé que estaba sola hasta que sentí alguien atrás mío, asustada me di vuelta y sin poder creerlo me vi a mi misma. Sí, como leen, no era un espejo ni alguien muy parecido a mi. Era yo, estaba segura, tenía hasta las mismas pecas debajo de mi ojo derecho.
Estupefacta, y riéndome de los nervios dije:- ¿Esto es real?. A lo que mi otro yo me respondió:- Increíble pero sí, de todas maneras no tenemos mucho tiempo, estoy acá para que hablemos de algo importante, el amor.
Apenas escuché esa palabra ya sabía todo lo que se iba a venir, sermones y mas sermones por lo mal que vengo haciendo las cosas en la vida amorosa. Mi doble comenzó a plantearme un montón de cosas de el chico que me gusta y sobre todo lo que pasamos, hasta que me preguntó:- ¿Vos estás segura de lo que estás haciendo? Te hizo las mil y una y vos seguís como una tonta dándole oportunidades, se nota que estas enamorada querida, eh.
Después de pensar y pensar, le dije:- ¿Sabes qué es lo que pasa? Al principio, yo sentía que lo quería, pero no me importaba lo suficiente, y como ya sabes, me mandé una macana. Quedó todo mal y ahí me di cuenta de lo mal que había hecho las cosas, como siempre la típica frase "uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde" es así. Después de eso la cantidad de vueltas que me dio son inexplicables, lo que lloré por él y lo mal que me hizo sentir un montón veces pensé que no se lo iba a perdonar, total yo había decidido en no darle más bola y evitarlo lo más que pueda (lo cual era imposible porque me lo cruzaba todos los días) pero volvió, y yo como minita débil no me resistí -respiré hondo- aparte yo sentía que nos faltaba algo por hacer, no sé como explicarlo, sentía que no podía quedar todo ahí y obviamente no me iba a quedar con la duda. Tampoco se la hice fácil, quería ver hasta que punto podía llegar si tanto me quería devuelta con él. Después de hacérsela difícil unos cuantos días vino a mi casa para que habláramos, y bueno... fue inevitable que quedara todo bien. Estoy con él y me hace tan bien, me olvido de todo y la
verdad es que no me importa nada. Por ahora estamos super bien, ¿qué querés que te diga?-
Mi doble se me queda mirando y me dice:- esta bien, entiendo que estés enamorada y que cuando estás con él te sentís bien, pero.. ¿qué pasa si vuelve a hacerte lo mismo? ¿qué pasa si de un día para el otro se te hace el enojado y no te habla más? Y peor todavía si después vuelve a hacerse el lindo y vos caes como una tarada. -
Odiaba decirlo, pero por un lado tenía razón, ¿Qué pasa si volvíamos a lo mismo otra vez? Ahora esta todo perfecto y siento que las cosas son diferentes, pero ¿y si me estoy equivocando? Me hice la desinteresada y respondí:- Si las cosas se llegan a dar así por algo será, ahora estamos bien y es lo que importa, yo no me quería quedar con la duda de nada y no me arrepiento ni me voy a arrepentir de mi decisión, además... soy adolescente, ¿sabes todo lo que me falta? ¿la cantidad de pibes por los que me falta llorar? Ojo igual, quien sabe las vueltas de la vida y termina siendo mi marido, ¿te imaginás? -me reí- pero bueno que se yo, a mi me interesa vivir el ahora, lo que pueda llegar a pasar se verá después.-
Lo único que te pido es que siempre estés segura de lo querés y que no sufras tanto, pensá bien las cosas. -me responde mi otro yo- Ojala que se haya dado cuenta enserio de como son las cosas y las siga haciendo bien como ahora, porque como dice papá "si vos estás bien, todos estamos bien. Si vos estás mal, todos estamos mal" -empezó a reírse a carcajadas-.
-Me reí también y dije- Si ya sé, esperemos que sí.
Todo empezó a verse borroso y ahí me desperté, ya eran las seis de la mañana. ¿cómo pasa el tiempo, eh?

La mujer que estaba sentada enfrente, por Luz Tortorelli 5to año




El hecho ocurrió una mañana del mes de mayo del 2021,en el barrio Valentín Alsina,en Buenos Aires.
Nunca voy a olvidar ese día, serían las 6 de la tarde, yo salia de trabajar, lista para mi caminata para luego tomar el colectivo he ir a la universidad. Antes de ir a la universidad tome un desvio y me fui a tomar aire a la plaza Valentin Alsina. Llege a la plaza y me sente en un banco, senti de golpe la impresion de haber vivido ya aquel momento, en la otra punta del banco alguien se habia sentado, yo me asuste, pero no quise levantarme enseguida.
 La mujer que estaba sentada enfrente de mi era una mujer, altura promedio, pelo castaño, bien vestida, pero muy loca de la cabeza; por eso me dio miedo y me quise ir al instante. Me senti muy reflejada en esa mujer, sobre todo porque ella tenia la misma cicatriz que yo tengo en la mano. de repente ella se me acerca y me dice: Hola!; apenas la escuche hablar sentí una voz muy peculiar a la mia. La mire con horror.
Me le acerqué y le dije:
-Hola señora, Buenas tarde-
-Buenas tarde, Luz-
-¿Como sabe usted que me llamo luz?-
- Porque soy vos en un futuro-
-Si, yo usted ¿Por que esta aca?-
-Porque vine a advertirte, de tu futuro cercano-
-¿Que vino a advertirme?-
-A lo que ella me respondio; que tengo que tener cuidado con mis amistades, porque no todos son lo que me aparentan ser-
-¿Por que me dice esto?-
-Ella me mira de maneria seria y me dice, dentro de algunos años vas a probar sustancias que pueden llegar a arruinarte la vida-
-¿Como se que usted no me esta engañando?-
-Porque yo se cosas nuestras, de las cuales nadie sabe-
-¿Como cuales?-
-Vos jugas a dos puntas con el novio de tu mejor amiga-
-Eso es de vieja chusma, no te creo-
-Se que soy chusma y loca pero te estoy diciendo la verdad-
-Yo me rio y le respondo, bueno y que mas sabe de mi entonces-
-Estuviste toda tu vida enamorada de Christian-
-Esta bien, te creo-
-Bueno ahora que me crees, pensa muy bien que vas a hacer de tu vida-
¡Y deja las galletitas de limon!, me cuesta mucho bajar las caderas-
-De pronto la "yo" vieja, comienza a desvanecerse
¡Nunca voy a olvidar ese dia!